Definitivamente, no tengo la intención de adoctrinar a nadie sobre nada, en lo relacionado con el título. De hecho, si así fuera, estaría más bien haciendo que gente lo suficientemente confiada como para creer que puedo hacerlo, me pagara alguna suma de dinero por escuchar mis disertaciones en los salones de conferencia de lujosos hoteles. En cambio, me propongo expresar algunos sentimientos que han estado populando mi mente durante estos días, al respecto del tema.
Antes que nada, cuando por alguna razón se nos hace difícil seguir adelante, creo que uno de los aspectos claves para poder hacerlo, es usar como base lo que ya hemos sido capaces de alcanzar. Consideremos que cada uno de nosotros fue alguna vez sólo un niño con nada más que sueños. Y ante la luz de tal perspectiva, podemos mirarnos a nosotros mismos e intentar relacionar cualquiera de esos sueños, que podamos haber tenido, a alguno de los logros que hemos concretado a lo largo de nuestra vida. Definitivamente, cualquier sueño que podamos haber tenido de niños y que seamos capaces de recordar ahora, será algo que marcó de alguna manera nuestras existencias. Si eso no funcionara, podemos intentar con más ahínco visualizar lo que hemos logrado. De seguro, encontraremos objetivos que hemos concretado.
Para continuar, una vez que encontremos ese empuje que necesitamos, sólo mirando aquéllo que hemos alcanzado, o si por el contrario, no pudimos motivarnos, podemos echar una mirada al futuro. Es muy probable, que todavía tengamos tiempo para concretar aquéllo que hemos identificado como una meta que nos ayudará a completarnos como seres humanos. Al respecto, tengo algo de experiencia. Hace tres años, estudios médicos identificaron que tenía un tumor en mi médula espinal. El primer médico simplemente dijo que no tenía chances. La cirugía era muy compleja y riesgosa y si la misma no se llevaba a cabo el tumor crecería hasta seccionar por completo mi médula espinal. Obviamente, no morí (esa es otra historia), pero el punto es que incluso cuando creía que pronto partiría, todavía tenía planes para mi vida (lo que hipotéticamente quedaba de ella). Así que bajo circunstancias normales, siempre tendremos como campo fertil, el tiempo que tenemos por delante. Y no importa cuánto tiempo sea, incluso un poco es mucho, en realidad.
Finalizado el ejercicio de fortalecernos en lo que fue exitosamente dejado atrás, o apreciar las oportunidades de alcanzar cualquier meta, en el corto o largo período de tiempo que tenemos por delante, considero que queda algo más por hacer. Si la imagen que vemos de nosotros mismos en este mismo momento, no nos hace felices, he descubierto que podemos cambiar prácticamente todo. Hay lugares del mundo, donde realmente hay casi nulas oportunidades de cambiar nuestras vidas. Parece que el destino estuviera escrito en piedra para algunos, y por más duro que sea saberlo, es importante que seamos conscientes de ello. Principalmente, porque si eres capaz de leer esto, tu no perteneces a ese grupo. Si tienes acceso a Internet, entiendes español, comprendes este texto o puedes leer en cualquier lenguaje, puedo con certeza apostar que efectivamente tienes la opción de cambiar tu vida.
Muchas veces me encuentro con gente que se deprime porque creen que no pueden cambiar el mundo. Tienen grandes ideas, ideales y sueños. Y eso es excelente. Ese es el principal y más importante comienzo, para que las personas a las que me referí en el párrafo anterior (las que tienen pocas chances de cambiar sus vidas) sean capaces de torcer sus destinos. Pera para que los soñadores estén más cerca de alcanzar sus objetivos, hay acciones que deben ser llevadas a cabo. La motivación y el tiempo pueden obrar milagros. La capacidad y el esfuerzo pueden hacerlo también. Lo único que nos hace falta es la voluntad para tomar las decisiones y llevarlas a cabo.
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24 de diciembre de 2011