El Domingo pasado presencié algo maravilloso. Por muy poco no fui una parte activa de lo que voy a relatar a continuación. Muchos hablan de lo importante que es cambiar al mundo. Nos dicen que hay que empezar por una idea. Que hay que pensar en alguna manera de hacer del mundo o de su componente más representativo, que podría ser nuestra sociedad, un lugar mejor. He escuchado hablar de que hay que juntar gente, conseguir el apoyo de algunas ONGs, hablar con alguien del gobierno, involucrar a los medios y conseguir inversores para poder difundir aquélla idea. De alguna manera se habla implícitamente de una receta, que bien llevada a cabo, permite disfrutar de un postre exquisito. Por suerte, siempre se aclara que lo de la idea es la parte fundamental, y se especifica que el resto es trabajo y empeño.

El Domingo fui testigo de algo mágico. Una amiga, que admiro mucho, no tuvo que hacer todo lo que mencionamos más arriba, aunque trabajó mucho. Tuvo una idea. Se le ocurrió hacer en la ciudad de Córdoba, Argentina algo que desde hace unos años una artista comenzó a hacer en Norteamérica, Europa y Oceanía. Algo que hasta este Domingo se desconocía en toda Latinoamérica, excepto en México.

Primero voy a explicar lo que ella necesitó para cambiar al mundo y después les voy a contar por qué creo que lo hizo. Para llevar a cabo su idea necesitó diseñar, planificar, pintar y escribir en una pared que estaba abandonada y apenas cubierta por algunos graffitis en una zona bastante concurrida de la ciudad de Córdoba. No podía, físicamente, hacerlo sola. Pero debido al cariño que ha podido sembrar en quienes la conocen, logró que mucha gente que la aprecia y la apoya en sus ideas, le ayude con su proyecto. Juntos prepararon, pintaron y terminaron una pared en la que casi unas 700 personas podían escribir sus sueños, sus deseos, sus aspiraciones o mejor explicado, aquello que quieren hacer antes de morir. Algo que se le ocurrió a Candy Chang en Nueva Orleans, después de que alguien que ella amaba mucho muriera. Y desde que comenzó hay paredes de "Antes de morir quiero..." por casi todo el mundo. Pero faltaba una en Sudamérica.

Ahora me gustaría contarles por qué es que pienso que este "detalle" cambió definitivamente al mundo. La misma noche de ese Domingo, por pedido de una de las amigas que participó activamente en tanto la realización como la documentación de este experimento, pasamos por el frente de la pared y grande fue mi sorpresa cuando descubrí que la idea de mi amiga había cambiado el mundo. En menos de 6 horas la pared pasó de ser esto, que es lo que dejamos al terminar de trabajar:

La pared cuando terminaron de prepararla.
A lo siguiente:

La pared menos de 6 horas después.

Pero un par de letras escritas con tiza sobre una pared negra no pueden haber cambiado al mundo, ¿verdad? ¿Por qué hablo de tal cosa entonces? Porque esas letras fueron simplemente un síntoma. Una manifestación de que algo cambió en esa pequeña parte de este planeta. Durante los minutos que mi amiga y yo presenciamos y fotografiamos los deseos y anhelos de tanta gente, se pudieron apreciar muchas situaciones maravillosas, que me emocionaron de una manera inesperada. Vimos amigos subirse uno arriba del otro para alcanzar los lugares libres y visibles por encima de los renglones repletos. Notamos a una pareja, que escribió cada uno sus deseos y después de verlos expresados, se besaron cariñosamente.  Observamos que ni una sola persona pasó indiferente ante este muro de los anhelos, todos se detuvieron, todos leyeron y, maravillosamente, todos sonrieron.

Cuando hacés algo, movido por un anhelo, y como resultado más de mil personas sonríen, cambiaste al mundo y para bien. No sé los motivos puntuales. Pueden ser los escritos graciosos frutos de la creatividad cordobesa. Pueden ser la sorpresa de ver tremenda locura, secundada por tanta gente. Pueden ser los anhelos comunes, que te conectan invisiblemente con ese otro ser humano que antes de morir quiere hacer lo mismo que vos querés hacer. O, pueden ser lo más claro y obvio que uno puede interpretar de este mural.

Las razones de la sonrisa pueden ser algo que a lo mejor nadie procesa conscientemente pero que es una conclusión directa de esa pared llena de sueños. El hecho es que todavía podemos soñar. Todavía tenemos anhelos. En un mundo con guerras y sus amenazas, con enfermedades y pobreza, con crímenes y sus víctimas todavía tenemos esperanzas. Porque hay un hecho comprobado y es que desde el momento en que tomás la tiza, mientras escribís y hasta que ves tu anhelo escrito en la pared, tenés fé y esperanza de que vas a cumplir ese sueño. Ese aire fresco de futuro y de meta concretable es lo que hizo, en definitiva sonreir a cientos de personas esa tarde. Y seguirá haciendo lo propio con miles mientras los sueños de esperanzados sigan contangiando fe, a través de esas letras plasmadas con alegría e ilusión sobre esa pared de negro color.