Selena es joven, activa, inteligente. El amor de Selena se llama Mateo. Mateo es fuerte, alegre y tiene hambre de entender el mundo. Selena ama a Mateo con todo su corazón y con toda su mente. Mateo jamás ha podido amar a alguien como ama a Selena. El amor que comparten va más allá de sus cuerpos. Va más allá de sus almas. Cuando hablan, y se conectan, hay un instante del tiempo en el cual el universo se toma un descanso. Las galaxias dejan de girar sobre sí mismas y de perseguirse en el infinito. Las estrellas ya no participan del juego místico de nacer, brillar, explotar y querer devorar todo lo que tengan suficientemente cerca. El viento de la noche ya no gira en el cielo, ya no canta. Los tigres dejan de tener rayas, son azules. París es Buenos Aires y Buenos Aires es París, adentro del laberinto. Penélope deja de tejer. Selena deja de tejer.
Cuando Selena y Mateo hablan del mundo, no hablan del mundo. Cuando no hablan del mundo, hablan de sus pensamientos, de lo que sienten y dejan de sentir. Cuando ellos hablan del amor, ya no pueden hablar, y sienten. Se besan, y se acarician, y se completan.
Ahora Selena vive en el Norte, al Oeste, en New York, Estados Unidos. Ahora Mateo vive en el Este, al Sur, en Perth, Australia.
Selena y Mateo sienten mucho deseo, el uno por el otro. Mateo quiere el cuerpo de Selena. Selena extraña el cuerpo de Mateo.
Ellos hablan todos los días, se escuchan las voces, se cuentan de sus trabajos y sus días, y cuentan los días. Ella crece, aprende, lucha. Él se adapta, observa, escribe.
Algunas veces, Selena, necesita el cuerpo de Mateo. Muchas veces ella necesita a su hombre más de lo que puede soportar. Esos días Selena espera la noche, y sale a pasear por New York. Va a un bar. Pide su trago preferido, siempre se acuerda de su libro favorito. Ese que transcurre en el mar, mientras que una amante espera al amor de su vida, en un viaje eterno desde París a Buenos Aires. Muerde el sorbete de su trago y mira a algún hombre. Eso siempre o casi siempre, o a veces, captura la atención de alguien. Selena ya no está sola en el bar. Alguien habla con ella. A veces es rubio y alto. A veces moreno y de estatura media. Por lo general es alguien seguro de sí mismo y de buena apariencia. Ella nunca siente demasiada atracción por ellos. Pero escucha... Si algo es gracioso sonríe. Si sonríe demasiado, se contiene. La mayoría de las veces son ellos, los que ofrecen invitarla a su casa o departamento. Es para tomar algo o seguir charlando, dicen. Ella no pretende creerles. Si Selena se siente segura y cree que va a sentirse bien, accede. A veces ella misma toma una actitud más agresiva y les propone ir a un lugar más cómodo.
Una vez en el lugar, la charla no dura más de lo necesario; el extraño y Selena se están besando. Se besan apasionadamente, el extraño recorre el busto de Selena, que es firme y suave a la vez. Una mano recorre la curva de su cadera y baja más allá, buscando su sexo. Selena arde de deseo. Él arde de deseo. Selena se detiene. Ella lo detiene. Selena mira a los ojos al extraño y le dice lo que una vez tuvo que elaborar y memorizar, pero que después de tantos ensayos, repeticiones y situaciones, ya suena natural y espontáneo:
"Nunca más te voy a ver. Amo a un hombre, que no está conmigo, pero va a estarlo. Él me da todo lo que mi mente y mi corazón necesitan, pero ahora no puede apagar la sed y el deseo de mi cuerpo. Voy a tratar de sentir todo el placer que pueda sentir, con vos, y voy a disfrutar, te voy a mirar a la cara y voy a tocar tu cuerpo, pero voy a desear con todas mis fuerzas que sea mi hombre el que me esté tomando, el que me esté haciendo suya. Mi cuerpo es tuyo, y sólo mi cuerpo, por esta noche."
Las reacciones a este monólogo siempre son muy diversas, casi siempre Selena acaba obteniendo el sexo que necesita. Pero el efecto en los hombres es variado. Algunos terminan precozmente, otros no pueden terminar. Otros no pueden empezar. Cuando, efectivamente, Selena siente adentro suyo a un hombre, busca el goce absoluto. Cierra los ojos para percibir con su sexo todas las texturas que pudiera percibir. Luego, abre los ojos, para ver las reacciones de placer ante sus contracciones, que casi siempre son voluntarias, pero otras veces son reflejos naturales, al estar próxima a alcanzar el orgasmo. A ella le gusta demorar este momento, para disfrutarlo más y poder sentir más, por más tiempo. Algunas veces alcanza el clímax varias veces en un momento. Otras veces el hombre siente deseo de nuevo, casi inmediatamente, y ella se dispone sin problemas a volver a gozar. Y vuelve a sentir placer, vuelve a disfrutar. Le gusta sentir los pectorales del hombre, al estar arriba, porque esa es la posición que más disfruta con Mateo. Le gusta moverse mucho y que el hombre sea afín a su ritmo, como en una especie de coreografía, una coreografía de placer.
Otros hombres, se asustan al escuchar el discurso de Selena, y no quieren seguir adelante. Otros se enojan, pero aunque hayan bebido, ninguno, alguna vez, le levanta la voz o le dice algo fuera de lugar, porque ella simplemente está siendo honesta. Esas veces, ella se va, tranquila pero insatisfecha. Lo que es un hecho es que el hombre que es capaz de satisfacerla sexualmente, incluso después de saber tal verdad, es digno de ella. Aunque sea por esa noche.
Algunas veces, mientras Selena repasa su discurso y sus pensamientos, piensa si alguna vez volvería a estar con un hombre que le haya dado mucho placer. Entonces piensa que su amor es lo suficientemente fuerte, que eso no sería un riesgo. Sin embargo, el hombre se puede involucrar, o ella puede empezar a necesitarlo, porque Mateo no está cerca, aunque lo vaya a estar en algunos meses. En definitiva, lo más importante, es que ella ya ha dicho, una y sólo una vez a cada uno de estos hombres, y a sí misma decenas de veces, al decírselo a ellos, que nunca más los volverá a ver.
Y Selena dice la verdad, a estos hombres les dice la verdad, a estos cuerpos descartables que la satisfacen, Selena les dice la verdad. Ellos están con ella una sola noche, pero toda esa noche, toda esa eternidad, ellos saben la verdad. Ellos tienen por esas horas, dos cosas, de Selena, que Mateo no tiene. Mateo no tiene su cuerpo. Mateo no tiene su verdad.
16 de agosto de 2014