Hoy es Lunes, me toca ir a buscar a las nenas a la escuela. Hace 16 años me casé con la mujer de mis sueños. La conocí en el secundario, era preciosa. Aún lo es. Julieta y Marie se parecen a ella. Ahora tienen 12 y 14, pero creo que a medida que pase el tiempo se le van a parecer aún más. Eso es maravilloso. También es doloroso.

Hace 6 o 7 meses el amor de mi vida empezó danzas orientales. Ella estaba muy contenta, y yo también. Los efectos del entrenamiento y la actividad se podían notar en su cuerpo y en su actitud, mucho más alegre aun. Hace un par de meses algo cambió, empezó a estar más distante. Seguía llena de actividades pero la notaba más pensativa. Ella misma decidió proponer que "hablemos". Hace 6 semanas me hizo una comida algo especial, las chicas se quedaron en la casa de mis suegros.

Yo estaba preparado para una de esas cenas románticas, fuera de ese calendario que incluye el aniversario del primer beso, el del de casados y nuestros cumpleaños. Tengo que reconocer que algo raro atravesaba el éter de la habitación, algo que no identificaba pero no me terminaba de inquietar. En cierto momento, Euge tomó aire y lo que me dijo sonó más o menos así:
"Nunca te amé. Me casé con vos porque de chica me pareciste el único camino parecido, de cierta forma, a una independencia y a dejar la casa de mis padres. Haber bailado todo este tiempo, con otra iluminación, me ha ayudado ha dejar que mi alma se exprese a través del cuerpo, primero. Para luego dar lugar a que mi mente entienda lo que quería decir, y poder en esta instancia expresarlo con palabras".

Yo no hice comentario alguno. No tenía ganas de ni llorar. Mi mujer no es de las que hacen bromas pesadas. De hecho, algunas veces hace algunas de las livianas, pero estoy seguro de que jamás se equivocaría tanto en la clasificación de esta broma, si lo hubiera sido. Así que ni siquiera me quedaba esperar una escapatoria en esa dirección. Por mi cabeza pasaron varias cosas: cuál sería la seguidilla de hechos que se sucederían a posteriori de semejante declaración, lo que se siente un corazón roto o los síntomas físicos que experimenté mientras sentía que un mundo (parte del cual construí con alguien) se venía abajo.

Pero ella se había ya ocupado de solucionar parte de mis cavilaciones. Tenía un plan de acción ya consultado con los abogados que la asesoraron. Esa misma noche se iba de casa, al día siguiente había una audiencia de mediación en tribunales, pero ya me anticipaba que en una semana mis nenas se iban de casa con ella, pues al estar yo notificado, no hay abandono de hogar. Me dijo también que me convenía aceptar sus términos, así iba a ser más fácil para mí seguir viendo a mis hijas.

Me sentía como un boxeador que tira la toalla, le siguen pegando, lo dejan en knock out y antes de que toque el piso le dan un par de patadas. En menos de una semana perdía a la mujer de mi vida, a los tesoros más grandes que alguna vez tuve y como consuelo me quedaba una casa gigante que luché para construir pensando en ellas 3, donde de ahora en más viviría solo.

Hoy es Lunes, me toca ir a buscar a las nenas a la escuela. Mi jefe ha sido bastante comprensivo y los Lunes puedo entrar a las 7, para tener tiempo de tener todo listo para las 5 y a las 5 y media pasar por el colegio. Mi trabajo no me hace feliz, nunca lo hizo. Pero me acuerdo que siempre fui a trabajar alegre, porque pese a que no disfrutaba lo que hacía, la actividad que desarrollaba era paga y ese sustento me ayudaba a soñar en un futuro mejor para mi familia, para ellas. Algo que descubrí es que lo único que hacía llevadero mi trabajo era saber que en un momento me iba a tener que ir de la oficina, atravesar media ciudad en auto y llegar a una casa donde me esperaban 3 pares de ojos cafés, y por lo menos dos pares de brazos me abrazarían, si mi mujer seguía ocupada en el taller.
Euge pinta y hace cerámica. Antes que la biblioteca, que es mi lugar, me ocupé de que la casa tuviera un taller para que ella pudiera desarrollar su creatividad. Tengo la impresión de que al mudarse quedaron algunas pinturas a medio hacer en el taller, pero me hace mal comprobarlo, así que hace un mes y medio que esa habitación está con llave.

Ya no tengo ganas de dar vueltas por la casa ni tengo ganas de ir a trabajar. Las únicas razones que me llevan a seguirlo haciendo son una especie de inercia, un sueño y un hecho puntual. La inercia es la que acumulé en estos 16 años de dar vueltas por esta casa (que era al principio mucho más fácil de recorrer, pues era mucho más pequeña cuando empezamos). El sueño es ver a mis hijas transformadas en mujeres de bien, sin traumas ni dolores causados directa o indirectamente por lo que podamos hacer sus papás. Y el hecho puntual es que todos los Lunes soy feliz. Todos los Lunes veo las sonrisas encantadores de dos jóvenes hermosas, llenas de sueños. Ellas son conscientes de lo que pasa, y lo sufren, pero cuando están conmigo sólo se preocupan por hacerme feliz, mostrarme sus sonrisas y regalarme sus abrazos. Me cuentan cómo les va en el colegio y cómo se llevan con sus amigos. Eso que para ellas es todo su universo, para mí se transforma en lo único que existe por todas las horas que estoy con ellas. Las escucho, les cuento historias y a veces, cuando no se dan cuenta, hasta les doy consejos.

Hoy es Lunes, temprano, me despierto antes de que suene el despertador. Tuve el sueño más extraño del que tengo memoria. Sueño o pesadilla. La chica con la que vine a la habitación del hotel anoche ya no está. Trato de acordarme del nombre, pero tomé uno o dos martinis de más en esa reunión con los empresarios Chinos, así que es un privilegio recordar que era bastante bonita y hasta algo inteligente, creo. Pienso si tengo tiempo de nadar un poco en la pileta olímpica del hotel antes del vuelo a Pekín. La reunión sobre el acuerdo de precios es crucial pare cerrar un plan estratégico, en el que vengo trabajando hace meses, y que me mantiene constantemente entusiasmado. Pero creo que gimnasio y un buen desayuno me pueden ayudar a despejar un poco la cabeza de ese sueño tan triste, perturbador. Esposa, 16 años, nenas, desengaño, abandono, casa, biblioteca, taller de pintura. Hijas, escuela, sonrisas, abrazos, felicidad.
Un taxi, desde el hotel, me deja en el aeropuerto en media hora. Pongo el despertador para que suene dos horas antes del vuelo. Me recuesto y trato de relajarme. Cierro los ojos.
Hoy es Lunes, me tocaría ir a buscar a las nenas a la escuela.